ESCUELA Y POBREZA:
Consecuentemente, Daniel Filmus, afirma que más de la mitad de los niños argentinos viven en hogares pobres, con una tendencia a incrementarse esta situación.
Dentro de un contexto socioeconómico diverso, la escuela pública a la cual acceden casi en su totalidad éstos niños, le brinda la posibilidad de integrarlos a la sociedad.
Por lo tanto mas de la mitad de los alumnos de nuestras escuelas, pertenecen a un nivel socioeconómico pobre, incluso más de un millón viven en la indigencia.
En la actualidad, a causa de la heterogeneidad del alumnado, la función de la escuela no es sólo pedagógica, sino la de atender a cuestiones diversas tales como: dar de comer, prevenir problemas de salud y de violencia, cuidado de la higiene, etc. Sin perder la calidad educativa, siendo una verdadera contenedora social.
Es cierto, que la escuela hoy por hoy, se ha convertido en una verdadera contenedora social, pero en realidad no debería serlo, su función es de índole formativa, (conceptual, procedimental y actitudinalmente) y no la de asistencialismo social.
Pero no puede en la práctica, negar la realidad de que las personas que atiende, viven en un contexto de pobreza e incluso indigencia. Por lo que se puede citar, esa famosa frase que dice: “nadie puede aprender algo cuando tiene hambre”.
Por otra parte no coincido con Filmus, de que la escuela, pueda brindarle a sus educandos, la posibilidad de integrarlos a la sociedad, si admito que puede influir positivamente en ello, pero no es una institución todopoderosa, que valga la redundancia, todo lo pueda; porque además, el integrar exitosamente a la sociedad, a un chico que vive en condiciones socio-económicas desfavorables, no depende solamente de su nivel de educación, sino de otras áreas y aspectos que involucran a su entorno familiar y cultural, como ser: adecuadas fuentes laborales de sus tutores, adecuadas infraestructuras de vivienda, para un normal desarrollo, en definitiva el cumplimiento de sus derechos humanos, que posibilite el crecimiento de las potencialidades de cada persona.
Por otra parte, la situación problemática de la educación Argentina, se hace evidente ante el constatado deterioro de la calidad en el proceso de enseñanza-aprendizaje, en la que se fue dando un vaciamiento de contenidos, que adquiere mayor relevancia en los sectores de menores recursos; a causa de los esfuerzos puestos en el asistencialismo, en especial en las escuelas que están estrechamente relacionadas a los contextos de pobreza, incorporando actividades que exceden lo específicamente pedagógico e intelectual del trabajo docente.
Y por ejemplo, muchos docentes deben viajar mucho, para allegarse a la escuela que se encuentra en un barrio de escasos recursos, dónde debe enseñar a chicos con hambre, mal aseados, con graves problemas psicológicos, etc. Y encima, generalmente lo que deben llevar a cabo esta tarea docente, en un contexto desfavorable, son los docentes más jóvenes, los que se hacen cargo de los trabajos en las escuelas marginales, por lo tanto, son los docentes recién recibidos, con poca experiencia, a los que le toca trabajar allí, al menos que halla docentes capacitados, con años de experiencia, que por motivos personales o de vocación, quieran estar trabajando en esas escuelas ubicadas en contextos de pobreza urbana, ya que los que tienen años de actividad y por consiguiente alto puntaje, eligen trabajar cerca de sus domicilios, en barrios mas favorecidos. Y en realidad, a las escuelas socioeconómicas mas desfavorecidas, tendrían que ir los docentes más capacitados, experimentados e incluso especializados, para justamente compensar las deficiencias. Además, no debería ser un trabajo docente, demasiado aislado, sino debería ser apoyado y acompañado por un buen equipo de profesionales: psicólogos, asistentes sociales, etc, para desarrollar proyectos de trabajo específicos para esas escuelas.
Me gustaría hacer ahora como un “paréntesis”, en el presente trabajo monográfico, para simplemente poder aclarar, definir y conceptuar adecuadamente, a los términos de: pobreza, exclusión social y educación.
POBREZA:
Según Oscar Altimir, la pobreza es, un síndrome situacional en el que se asocian el infraconsumo, la desnutrición, las precarias condiciones de vivienda, los bajos niveles educacionales, las malas condiciones sanitarias, una inserción inestable en el aparato productivo o dentro de los estratos primitivos del mismo, actitudes de desaliento y anomia, poca participación en los mecanismos de integración social y, quizá, la adscripción a una escala particular de valores, diferenciada en alguna medida de la del resto de la sociedad.
El examen de la pobreza y el de las desigualdades en la distribución del ingreso, frecuentemente se entremezclan y se confunden. No son, sin embargo, equivalentes, ni incluyen mutuamente. Constituyen problemas diferentes tanto desde un punto de vista conceptual como en sus vertientes políticas. Pero también la relación entre ambos problemas es diferente en el marco de sociedades industrializadas y en desarrollo. En este último, las situaciones de pobreza pueden llegar a ser tan generalizadas como para restar toda importancia a su diferenciación con respeto alas desigualdades sociales en general.
La noción de pobreza se basa, en última instancia, en un juicio de valor sobre cuáles son los niveles de bienestar mínimamente adecuados, cuáles son las necesidades básicas cuya satisfacción es indispensable, qué grado de privación resulta intolerable. Tales juicios implican, por consiguiente, la referencia a alguna norma sobre las necesidades básicas y su satisfacción, que permita discriminar entre quienes son considerados pobres y quines no. El concepto de pobreza es esencialmente normativo, y su contenido efectivo varía junto con la norma sobre necesidades básicas o bienestar en la que se apoya. Los juicios sobre la satisfacción de las necesidades básicas son individuales y subjetivos. Sólo a través del consenso o del ejercicio del poder de quienes los comparten se transforman en valoración social. Suelen coexistir en una misma sociedad, diferentes- y aun conflictivas- valoraciones colectivas -o de grupo-de la pobreza: la de los grupos desfavorecidos, y la de otros grupos sociales. No es, pues, extraño, que la discusión del problema de la pobreza esté plagada de diferencias de criterio y de normas que emanan de diferentes valoraciones morales y políticas acerca del orden social existente y de la manera en que debe organizarse la sociedad, y que a la vez están insertas en dichas valoraciones.
Las necesidades básicas que sirven para definir la pobreza, son relativas al entorno, específicas de cada país y dinámicas, pero también incorporan aquellas necesidades cuya satisfacción responde a la noción de dignidad humana.
Si bien del concepto de necesidades básicas puede servir para definir la pobreza, se limita a las dimensiones materiales de la privación. En su acepción más amplia, incluye tanto necesidades psicológicas y políticas como necesidades materiales.
Por otra parte el INDEC, toma un conjunto de indicadores elaborados sobre la base del Censo Nacional de población y vivienda. En el que se consideró hogares NBI, (con necesidades básicas insatisfechas), a aquellas que reunieran al menos una de las siguientes condiciones:
Tuvieran más de tres personas por cuarta, (hacinamiento). Habitar en una vivienda de tipo inconveniente, como ser pieza de inquilinato, vivienda precaria, los que excluye cada, departamento y trancho, (vivienda marginal). No tuviera ningún tipo de retrete, (condiciones sanitarias inadecuadas). Tuviera algún niño en edad escolar que no asistiera a la escuela, (Trabajo infantil). Tuviera cuatro o más personas por miembro ocupado y además, cuyo jefe poseyera baja educación, (poca capacidad de subsistencia).
Bernardo Kilksberg, agrega que el problema de la pobreza tiene implicaciones éticas, económicas y políticas de primer orden. Atenta contra los derechos humanos mantener a sectores amplios de la población en situación de desempleo, desnutrición y marginalidad.
EXCLUSIÓN SOCIAL:
En cambio el concepto de exclusión social, según Alberto Minujín, va más allá de los aspectos económicos y sociales de la pobreza e incluye los aspectos políticos tales como derechos políticos y ciudadanía que remarcan la relación entre los individuos y el Estado, así como entre sociedad y los individuos. El concepto de exclusión ha llevado a que su uso abarque situaciones muy disímiles, haciéndose perder su especificidad. En este sentido que resulta especialmente útil la noción de vulnerabilidad, la cual permite reflejar una amplia gama de situaciones intermedias, o sea de exclusión en algunos aspectos o esferas, e inclusión en otras. El uso del término exclusión se reserva para condiciones sociales de fuerte privación. Se señala con propiedad algunos peligros del uso generalizado del término de exclusión así como de su utilización en forma autónoma a la dinámica social general. El hablar sólo de exclusión conduce a compartimentar situaciones límites que tiene sentido dentro de un proceso. No se es excluido, no se está siempre excluido, salvo en situaciones muy específicas; no hay fronteras cerradas entre exclusión y la vulnerabilidad. Además la focalización en la problemática de exclusión corresponde a un aislamiento y fraccionamiento de la acción social en zonas de intervención a través de mecanismos asistenciales de compensación y reparación. Cabe señalar que algo similar ocurre con la noción de pobreza que ha adquirido una suerte de independencia y no se la relaciona con el problema de la distribución del ingreso y los recursos. En este momento es muy habitual que los programas de “combate a la pobreza”, se focalicen en esta temática sin ninguna consideración respecto a los problemas distributivos, sin tomar en la más mínima consideración que la contracara de la extrema pobreza la constituye la extrema riqueza. Esto lleva a que los programas sociales que se establecen sean básicamente existencialistas, poco sostenibles, que no lleven a un fortalecimiento de la ciudadanía y tengan baja integración con la esfera económica. Así mismo, evita o esquiva el desarrollo de las políticas redistrivutivas y la consideración de uno de los problemas centrales el cual es la inequidad de ingreso. Finalmente, se puede observar que en la mayor parte de los casos en que se habla de exclusión, en realidad se trata de situaciones de vulnerabilidad, precarización, riesgo respecto a un factor, por ejemplo, la falta de acceso a servicios de salud, pero no necesariamente respecto a otros factores.
La exclusión, se dirime en diversas esferas de la vida política, económica, social y cultural. Situaciones de inclusión parcial en una u otra esfera implican riesgo y vulnerabilidad. El estar excluido en una esfera no implica necesariamente el estarlo en las otras. Es decir, la falta de éxito no conduce necesariamente a la exclusión, pero ciertamente multiplica las posibilidades de caer en ella.
Problemas en el ámbito laboral suelen llevar a situaciones conflictivas en el ámbito de las relaciones con amigos, la familia y en la autoestima, que pueden conducir a condiciones de alta vulnerabilidad social y eventualmente a la exclusión; formándose en proceso de “acumulación de desventajas”, o acumulación de fallas, o de vulnerabilidades como el que lleva a la exclusión.
Estas desventajas pueden constituir una suerte de marca inicial, como en el caso de las niñas y niños pertenecientes a hogares pobres, o irrumpir en cualquier momento de la vida, tal como les sucede a las familias de sectores medios que se ven empujadas por el proceso económico a la pobreza.
El tener situación de precariedad laboral incluye a aquellos que trabajan como cuenta propia, en condiciones de alta inestabilidad pero ingresos aceptables y también a aquellos con nula calificación y salarios muy bajos.
La vulnerabilidad no necesariamente conduce a la exclusión, en muchas ocasiones los individuos o las familias logran superarla y pasar al grupo de los incluidos. En muchas otras, se da el proceso contrario y las dificultades se incrementan y potencias llevando a la exclusión.
Una característica de las actuales políticas económicas y sociales es la falta de sistemas de contención y de búsqueda colectiva de inclusión. La superación de situaciones de vulnerabilidad se hace a través de los mecanismos de mercado y en forma individual, lo cual es adecuado en la medida que el mercado tenga la capacidad de absorber e incluir a éstos grupos.
EDUCACIÓN:
Por otra parte Víctor Hoz, define a la educación al proceso por el cual el ser humano mejora y perfecciona sus características, a través de un proceso de asimilación y transformación de pautas culturales externas y desarrollo de sus propias capacidades. La acción educativa es un acto destinado a promover a la persona o perfeccionar al hombre. El proceso educativo supone un ideal de perfección, de elevación, de mejoramiento. Toda educación supone un fin, tiende a alcanzar un estado diferente del que se tiene originariamente, es el deber ser de la educación. La educación parte de un ser que es el sujeto con sus características actuales y tiende a lograr un deber ser, que es el fin de la educación.
La educación es un proceso mediante el cual una sociedad comunica su cultura a las nuevas generaciones. Es individual porque éste proceso se da en todos toda la vida de cada individuo en la que puede perfeccionarse como persona, en la que se desarrolla sus capacidades, hace efectivas sus posibilidades y crece personalmente. Y tiene un carácter social, ya que cada uno puede participar creativamente en la sociedad en que está involucrado, en su proceso de socialización, (lenguaje, criterios, normas, etc); el da continuidad a las pautas culturales. En la educación se dan a la vez éstos dos caracteres porque si bien se busca socializar al chico, también se fomenta su propia personalidad e identidad propia creadora y única. Ya que cada hombre no sólo recibe la cultura, sino, que también la transforma como sujeto de la historia. El término “educare”, (significa: alimentar, nutrir, desarrollo y crecimiento), es un proceso de crecimiento interior y del medio socio-cultural. Entonces encontramos que por medio de la socialización, (al adquirir la lengua, criterios de valoración, ideas, usos dominantes de la sociedad en que vive, costumbres, normas, etc); es la que permite dar continuidad a las pautas culturales. Y por medio de la individualización en la que el sujeto desarrolla sus capacidades y crece como persona no sólo descubriendo la cultura, sino también transformándola originalmente como sujeto creador de la historia. Se corre el riesgo de masificar, cuando se exagera en el proceso de socialización; cuando se da al hombre esquemas determinados, menoscabando su personalidad individual creadora, ayudado por los medios masivos de comunicación; no educando al hombre, sino, convirtiéndolo en un objeto, o sea, masificándolo; no favoreciendo su libre determinación y su sentido comunitario, profundizando la conciencia de la dignidad humana. Si la individualización y socialización no se armonizan, se equilibran y se integran, entonces no hay verdadera educación. Resulta así, que la educación puesta exclusivamente en función de la adaptación, de la conformación del hombre, no responde a su verdadera esencia, no se trata de educación sino de masificación. No se educa al hombre sino que se lo convierte en objeto, se lo niega como creador de su futuro, se le arrebata su decisión, en sin se lo adiestra. El adiestramiento implica que lo que se busca es que el hombre repita mecánicamente ciertas conductas, sea mediante la coerción, la persuasión o la imitación. Un cierto grado de adiestramiento es necesario en el hombre para aprender conductas, tales como, escribir a máquina, ser puntual, etc; pero para que tenga valor, debe integrarse en el proceso educativo, no ser un fin en sí mismo, sino atender a fines valiosos, para el hombre y la sociedad. De lo contrario es pernicioso, porque lo que logra es masificar, conformando según un esquema predeterminado, ahogar su originalidad y su conciencia personal, obstaculizando que cumpla su vocación de ser cada vez más humano.
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